Ayer fue un día de esos raros que tengo, y puede que preocupara a alguien con mi actitud iresponsable, pero hoy quiero relataros la historia más bonita que jamás me haya ocurrido, aunque sea para compensar la inquietud que pudieron producir mis post:

Yo era una niña que se creía mujer a mis diecisiete años. EStaba algo enamoradilla de un chico, un hombre diez años mayor que yo, aunque en el fondo era un niño muy grande. Algo en mi interior me decía incesantemente que él era para mí, no podía ser de otra manera. No me preguntéis como, pero ya sabía que él sería el amor de mi vida.

Idee un elaborado plan para conquistarle y me fijé una fecha para conseguirlo, la noche del veintitres de junio, la noche de San Juan. Despues de flirtear con él durante varias semanas, se me presentó la oportunidad que tanto ansiaba. Un error por su parte que yo me cobraría con intereses la noche fijada. Una tarde se fue sin despedirse de mí con dos besos, como era nuestra costumbre pese a que nos veíamos cada día. Al rato le envié un mensaje por el móvil: me debes dos besos.

Yo me había encargado de advertir a mis amigas que ni se les ocurriera zambullirse en el agua de la playa pasada la medianoche, y las convencí de que entretuvieran a sus amigos.

La noche, la playa, la ausencia de ropa (excepto el bikini). Todo parecía propicio. LLegaron las doce, y con ella los nervios y la excitación, pero no miedo. Yo sabía cual iba a ser su reacción, pues las estrellas me decían que solo a mí amaría.

Me preguntó si sabía porque nadie más se había metido en el agua y con una sonrisa le conteste que no sabía. Le exigí que me diera los dos besos que olvidó darme aquel día. Cuando su rostro se acercó al mío, giré la cara para que nuestros labios se encontraran. Al principio pareció sorprendido, pero luego sonrío, y la noche se convirtió en día por un momento, y la atestada playa quedó en silencio. Desde aquella mágica noche hemos permanecido unidos, y nadie puede saber todo lo que hemos soportado juntos, pero así es. Nuestro amor es fuerte, pero también tratamos de cuidarlo todos los días, pues no deseamos que se estropee nunca.

Algunos años han transcurrido desde aquella noche. Ya no soy la misma chica fuerte, decidida, ingeniosa y peligrosa. No soy ni una sombra de aquella niña que se creía mujer, pero conservo la esperanza de volver a serlo algún día.