HUMO
El humo inunda mis pulmones, envenena mi cuerpo, malgasta mi cansada alma.
Esta noche, una de tantas, me siento morir, lenta y dolorosamente.
Preferiría dejar de quejarme, levantarme de mi propia inmundicia y comenzar a caminar.
Cada vez que saco un brazo al exterior, intento aferrarme a algo sólido a lo que agarrarme, y arrastrar mi espíritu de vuelta al mundo.
Pero algo me golpea. No soporto el dolor. Y menos aun, la expectativa del sufrimiento futuro.
Como una cobarde, vuelvo a esconder la mano, hundiendome un poco más en la ponzoña de mi propio veneno.
Soy una criatura nocturna y autodestructiva, pero no solitaria. Y la soledad me rodea por doquier.
Los rostros en la calle no son más que sombras difusas que pasan junto a mí.
Las voces en el viento no traen consigo ningún mensaje. A veces, solo puedo escuchar las voces de mi mente. Y no me gustan lo que dicen.
Esta ventana que es mi blog, se ha convertido en poco tiempo en el único contacto con la gente. Y tengo miedo.
No sé que será de mí. No quiero caer en la autocompasión, y no lo hago. Tampoco deseo que se compadezcan de mí.
Sólo necesito ayuda. ¿De quién? De mi misma. ¿Qué clase de ayuda? Ojalá lo supiera.
Vuelvo a respirar aire, y sigue siendo tan espeso como el humo del cigarro que acabo de apagar.










Ramón Parras Hernández dijo
Pues deja de fumar ahora mismo, haznos y hazte feliz.
¿Difícil? no.
Un beso.
31 Marzo 2008 | 12:53 AM