UNA HISTORIA DE AMOR
Me tumbé sobre la cama, y a los pocos segundos ahí estaba él, cálido y cariñoso. Le acaricié su suave pelo durante largos minutos. Me besó en la mejilla, en la nariz, en los labios, y al poco, los dos nos dormimos abrazados.
Al despertar el seguía ahí, mirándome con infinita ternura. Hay veces en que las palabras son superfluas, innecesarias, y con él siempre es así.
Nos asomamos los dos juntos a la ventana, saludando un nuevo día que comienza, observando como la vida inunda la calle.
Le sirvo el desayuno como todas las mañanas. El se relame, me mira y sus ojos me muestran la gratitud que no sabe explicar con sonidos. Sabe que cuido de él, y que le quiero con toda el alma. Lo sabe, y lo agradece.
Tengo que irme, y él no puede acompañarme. Tiene que quedarse en casa, pese a que me encantaría que pudiera acompañarme siempre, a cualquier lugar. Pero no es así, y aunque no lo entienda, lo asume con tristeza.
Cuando regreso a casa, está tumbado, enfadado conmigo. Lo soluciono con unos cuantos mimos y con alguna chuche que le traigo. En seguida vuelve su alegría innata que inunda mi corazón de felicidad. Me reclama. Quiere que esté con él, despues de tantas horas de ausencia. Aunque esté cansada, no me cuesta complacerle.
Es de noche, y antes de acostarnos de nuevo, volvemos a asomarnos por la ventana. Ahora todo el mundo duerme, el silencio es total en la oscura noche, salvo algún que otro coche rugiendo en la distancia.
Le miró a sus preciosos y enormes ojos. "Te quiero" le digo. Y él me chupa la nariz.
La historia que acabo de relatar la vivo cada día. Si pensábais que hablaba de un ser humano os equivocábais. Mi gato Randal es el protagonista de este bello cuento, el que me despierta cada mañana, el que me ofrece todo su amor, sin condiciones todos los días.
Si todavía hay quien piensa que un animal no siente, no es inteligente o que no es posible que padezca, debería volver a leer este post. Mi gato es mejor persona que muchas de las personas que conozco. Espero que los que tengáis animales os sintáis tan felices y dichosos como yo con mis tres gatos, y que compartáis vuestras experiencias positivas, divertidas, románticas... con todos.
Quizá de esta manera consigamos concienciar a la población de lo maravillosos que son nuestros compañeros animales, y se dejen de cometer tantas barbaridades contra ellos.







Lucia dijo
Yo tengo varios perros que se creen personas. No me imagino la vida sin ellos aunque cada día me quejo de lo pesados que son y de la faena que dan, jeje. Son como niños. Ellos mismos se creen personitas. Suben al sofá, al sillón, a la cama, meten el el hozico en mi comida... Son los reyes de la casa y nadie puede discutírselo. Luego nos compensan con su cariño. Me encanta cuando apoyan su cabeza en mí, o cuando me dan al pata y se emocionan porque les digo "Muuuy bien" (entonces se emocionan y me la dan cien veces más), o cuando les rasco la oreja y al parar quieren que siga y me empujan la mano.
¿Qué pensarán?
Un beso
Lucia
4 Abril 2008 | 12:01 AM