LOS ANILLOS PERDIDOS DE AVALON (1ª Parte)
Las malas notícias, aunque las esperes, siempre deprimen un poco, sobretodo a personas como yo, proclives al melodrama.
Una vez más, han vuelto a rechazar uno de mis relatos. En fin. Sé lo dificilísimo que es conseguir algo en este mundillo, pero empiezo a pensar que no tengo ningún talento, y que sólo me estaba haciendo ilusiones huecas con algo que me apasiona.
Creo, que colgaré aquí el relato, en varias partes (es que es un pelín largo), y si lo estimáis conveniente, juzgar mi ausencia total de talento, o sólo parcial.
LOS ANILLOS PERDIDOS DE AVALON
Mi nombre es Safert y tengo una misión: encontrar los Anillos Perdidos de Ávalon.
Todo empezó una tarde gris hará un par de meses. Disfrutaba del sabor amargo de un café mientras leía una interesante novela de fantasmas en la terraza de una cafetería cualquiera. Mi teléfono móvil comenzó a sonar estridentemente por encima de las voces de la gente. Al descolgar, una suave voz femenina me indicó que tenía un trabajo para mí si lo deseaba. Anoté la dirección en una servilleta y sin nada mejor que hacer, pagué el café y me levanté de la incómoda silla.
El lugar escogido para la cita eran unos viveros con poca afluencia de personas en aquella época del año. Me encendí un pitillo entre los labios y aspiré profundamente el humo, dejando que envenenara mi cuerpo y mi alma. Una mujer ataviada con una gabardina semejante a la que yo llevaba puesta pero de color gris ceniza se aproximó a mí lentamente. Sus tacones penetraban en la húmeda tierra, embarrando sus relucientes zapatos de pinta cara.
- Buenos días seño…
- Safert, llámeme Safert. – Le dije a aquella rubísima mujer de labios rojos. Sonreí para mis adentros.
Mi aspecto andrógino. Siempre confundía a la gente, y mi voz no ayudaba a aclarar sus dudas, cosa que me divertía bastante y procuraba acentuar con el peinado y la ropa.
- De acuerdo, Safert. Mi nombre es Rose y estoy interesada en contratar sus servicios.
- ¿Cómo puedo ayudarla? – Cubría su rostro con unas enormes gafas de sol. Por lo general, siempre me ha molestado que me hablen llevando esas monstruosidades puestas en la cara, como si pretendieran ocultar algo. Pero a ella podía perdonárselo por las suaves pantorrillas que asomaban por debajo de su gabardina.
- Verá, trabajo para una empresa muy importante, cuyo nombre no mencionaré por discreción…
- La ocultación de datos no ayuda mucho en mi tarea.
- No se preocupe, esto no le afectará. La junta directiva esta interesada en adquirir cierto objeto… escurridizo.
- Ya veo. ¿Tiene algo más de información? Yo sólo busco, no adivino.
- Sabemos que se encuentra aquí, en esta ciudad. Hace tiempo, en una excavación inmobiliaria, se encontraron los restos de una civilización muy antigua. – Ella se relamió los labios, pues probablemente el carmín se resecaba por el frío y cortante viento.
- Oí algo en las noticias, sí.
- Estamos convencidos de que en aquellos restos se encontraban los Anillos Perdidos de Ávalon, una reliquia muy valiosa que nos interesaría poseer a cualquier precio. El problema es que cuando logramos infiltrar unos cuantos topos en la obra, alguien ya los había robado. – Rose calló, esperando algún comentario por mi parte que nunca llegué a pronunciar. Volvió a humedecerse los labios antes de seguir con su parloteo.
- No hemos podido averiguar quien sustrajo los Anillos, pero estamos convencidos de que siguen aquí.
- ¿Cómo lo sabéis?
- Esa información no es relevante para usted, y aunque lo fuera no me está permitido revelársela. – Se acercó peligrosamente a mí, dejándome aspirar la dulce fragancia de su perfume. - ¿Cree que podrá encargarse del trabajo?
¿Cómo se supone que podía negarme? No soy de piedra, y sus carnosos y húmedos labios rozaban mi oreja provocándome un escalofrío demasiado placentero.
Tras ultimar algunos detalles como el precio de mis servicios y algunos datos más sobre la reliquia, precisos para comenzar a investigar, se despidió de mí con un frío apretón de manos. Su imagen en mi retina quedó grabada a fuego mientras se marchaba contoneándose por la misma dirección por la que había aparecido.
Lo primero que hice, después de encenderme otro cigarro, fue comprobar el saldo de mi cuenta con el móvil. Efectivamente, el dinero había sido ingresado. La mitad ahora y el resto cuando les entregara la reliquia. Ese fue nuestro acuerdo.







esquizo dijo
Ejem, ejem ¿Esperas que haga una crítica aquí delante de todo el mundo?
Pues no, te la he enviado por correo.
Un abrazo
9 Abril 2008 | 10:11 AM