LOS ANILLOS PERDIDOS DE ÁVALON (2ª Parte)
Me llevó más de dos semanas en averiguar el paradero de toda la gente que había tenido acceso a la obra. Y en el transcurso de todos esos días sentí una mirada clavada en la nuca, persiguiéndome a cada paso que daba en la investigación. Rose me volvió a llamar impaciente. - ¿Cómo lo lleva? - Ya he descartado a casi todos los sospechosos, sólo me quedan tres tipejos ilegales por investigar. - De acuerdo, nos veremos cuando tenga en su poder lo que le pedí. La línea quedó colgada, taladrando mi oído izquierdo con un estridente pí-pí-pí. No colgué inmediatamente, de hecho, fingí seguir hablando despreocupadamente. Volvía a sentir que me vigilaban. Rápidamente me giré, y observé minuciosamente a mi alrededor. Una muchacha de pelo color rosa chicle salió corriendo antes incluso de que nuestras miradas llegaran a cruzarse. ¿Podría ser aquella cría de gusto excéntrico la que me espiaba constantemente? Si era así, ahora que la había visto debía tener más cuidado, o al menos teñirse el pelo de un color más discreto. Al fin, tras infinidad de paseos nocturnos por calles de mal vivir y peor morir, logré encontrar al advenedizo que se había apropiado indebidamente de los Anillos. Resultó ser un extranjero sin papeles, que lo único que sabía pronunciar en mi idioma cuando lo conocí, eran unos pocos comentarios obscenos y diversos insultos mediocres y poco imaginativos. Encontrarle resultó más difícil de lo que pensé en un principio, pues si es cierto que trabajó en aquella obra, no constaba en ningún tipo de documento. Los oficiales sólo lo conocían de vista y únicamente un compañero suyo “ilegal” me supo decir su nombre y dónde encontrarlo, bajo la amenaza de denunciar su situación a las autoridades pertinentes. Era un hombre joven, mugriento y sobre su espalda pesaba más sufrimiento del que yo hubiera sido capaz de soportar en vida. Pero eso no me importaba en absoluto, sólo quería conseguir los dichosos Anillos, y por ende, cobrar mi pasta. Al parecer, necesitó escupir sangre y dientes para aprender mi idioma lo suficiente para contarme que sí, efectivamente, él había encontrado algo allí abajo. Una especie de pulseras atadas entre sí por una cadena plateada. Las llevó a una tienda de empeño de dudosa reputación. No le entregaron ni dos chavos por ellas, y a mí me habían pagado ya más de un millón sólo por empezar a buscarlas. Si se desconocí su auténtico valor, quizá me resultara más sencillo encontrarlos. Quizá.



Lucia dijo
Ayer quise comentar la primera parte, pero al final por unas cosas u otras no lo hice. En realidad no era para hablar sobre el relato sino para decirte que estoy segura de que sí tienes talento. De la primera parte hubiera quitado el primer párrafo porque hubiera quedado mejor que se descubriera el nombre y el trabajo que tenía que hacer a medida que se iba leyendo el relato. Es una chorrada, por lo demás me está gustando mucho. No te desanimes valenciana. Tenemos que demostrar lo que valemos.
Un beso
Lucia
9 Abril 2008 | 09:59 PM