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La Coctelera

DELIRIUS

Sustratos de una mente esquizofrenica

9 Abril 2008

LOS ANILLOS PERDIDOS DE ÁVALON (2ª Parte)

Me llevó más de dos semanas en averiguar el paradero de toda la gente que había tenido acceso a la obra. Y en el transcurso de todos esos días sentí una mirada clavada en la nuca, persiguiéndome a cada paso que daba en la investigación. Rose me volvió a llamar impaciente.

- ¿Cómo lo lleva?

- Ya he descartado a casi todos los sospechosos, sólo me quedan tres tipejos ilegales por investigar.

- De acuerdo, nos veremos cuando tenga en su poder lo que le pedí.

La línea quedó colgada, taladrando mi oído izquierdo con un estridente pí-pí-pí. No colgué inmediatamente, de hecho, fingí seguir hablando despreocupadamente. Volvía a sentir que me vigilaban. Rápidamente me giré, y observé minuciosamente a mi alrededor. Una muchacha de pelo color rosa chicle salió corriendo antes incluso de que nuestras miradas llegaran a cruzarse. ¿Podría ser aquella cría de gusto excéntrico la que me espiaba constantemente? Si era así, ahora que la había visto debía tener más cuidado, o al menos teñirse el pelo de un color más discreto.

Al fin, tras infinidad de paseos nocturnos por calles de mal vivir y peor morir, logré encontrar al advenedizo que se había apropiado indebidamente de los Anillos. Resultó ser un extranjero sin papeles, que lo único que sabía pronunciar en mi idioma cuando lo conocí, eran unos pocos comentarios obscenos y diversos insultos mediocres y poco imaginativos. Encontrarle resultó más difícil de lo que pensé en un principio, pues si es cierto que trabajó en aquella obra, no constaba en ningún tipo de documento. Los oficiales sólo lo conocían de vista y únicamente un compañero suyo “ilegal” me supo decir su nombre y dónde encontrarlo, bajo la amenaza de denunciar su situación a las autoridades pertinentes. Era un hombre joven, mugriento y sobre su espalda pesaba más sufrimiento del que yo hubiera sido capaz de soportar en vida. Pero eso no me importaba en absoluto, sólo quería conseguir los dichosos Anillos, y por ende, cobrar mi pasta.

Al parecer, necesitó escupir sangre y dientes para aprender mi idioma lo suficiente para contarme que sí, efectivamente, él había encontrado algo allí abajo. Una especie de pulseras atadas entre sí por una cadena plateada. Las llevó a una tienda de empeño de dudosa reputación. No le entregaron ni dos chavos por ellas, y a mí me habían pagado ya más de un millón sólo por empezar a buscarlas.

Si se desconocí su auténtico valor, quizá me resultara más sencillo encontrarlos. Quizá.

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8 Abril 2008

LOS ANILLOS PERDIDOS DE AVALON (1ª Parte)

Las malas notícias, aunque las esperes, siempre deprimen un poco, sobretodo a personas como yo, proclives al melodrama.

Una vez más, han vuelto a rechazar uno de mis relatos. En fin. Sé lo dificilísimo que es conseguir algo en este mundillo, pero empiezo a pensar que no tengo ningún talento, y que sólo me estaba haciendo ilusiones huecas con algo que me apasiona.

Creo, que colgaré aquí el relato, en varias partes (es que es un pelín largo), y si lo estimáis conveniente, juzgar mi ausencia total de talento, o sólo parcial.

LOS ANILLOS PERDIDOS DE AVALON

Mi nombre es Safert y tengo una misión: encontrar los Anillos Perdidos de Ávalon.

Todo empezó una tarde gris hará un par de meses. Disfrutaba del sabor amargo de un café mientras leía una interesante novela de fantasmas en la terraza de una cafetería cualquiera. Mi teléfono móvil comenzó a sonar estridentemente por encima de las voces de la gente. Al descolgar, una suave voz femenina me indicó que tenía un trabajo para mí si lo deseaba. Anoté la dirección en una servilleta y sin nada mejor que hacer, pagué el café y me levanté de la incómoda silla.

El lugar escogido para la cita eran unos viveros con poca afluencia de personas en aquella época del año. Me encendí un pitillo entre los labios y aspiré profundamente el humo, dejando que envenenara mi cuerpo y mi alma. Una mujer ataviada con una gabardina semejante a la que yo llevaba puesta pero de color gris ceniza se aproximó a mí lentamente. Sus tacones penetraban en la húmeda tierra, embarrando sus relucientes zapatos de pinta cara.

- Buenos días seño…

- Safert, llámeme Safert. – Le dije a aquella rubísima mujer de labios rojos. Sonreí para mis adentros.

Mi aspecto andrógino. Siempre confundía a la gente, y mi voz no ayudaba a aclarar sus dudas, cosa que me divertía bastante y procuraba acentuar con el peinado y la ropa.

- De acuerdo, Safert. Mi nombre es Rose y estoy interesada en contratar sus servicios.

- ¿Cómo puedo ayudarla? – Cubría su rostro con unas enormes gafas de sol. Por lo general, siempre me ha molestado que me hablen llevando esas monstruosidades puestas en la cara, como si pretendieran ocultar algo. Pero a ella podía perdonárselo por las suaves pantorrillas que asomaban por debajo de su gabardina.

- Verá, trabajo para una empresa muy importante, cuyo nombre no mencionaré por discreción…

- La ocultación de datos no ayuda mucho en mi tarea.

- No se preocupe, esto no le afectará. La junta directiva esta interesada en adquirir cierto objeto… escurridizo.

- Ya veo. ¿Tiene algo más de información? Yo sólo busco, no adivino.

- Sabemos que se encuentra aquí, en esta ciudad. Hace tiempo, en una excavación inmobiliaria, se encontraron los restos de una civilización muy antigua. – Ella se relamió los labios, pues probablemente el carmín se resecaba por el frío y cortante viento.

- Oí algo en las noticias, sí.

- Estamos convencidos de que en aquellos restos se encontraban los Anillos Perdidos de Ávalon, una reliquia muy valiosa que nos interesaría poseer a cualquier precio. El problema es que cuando logramos infiltrar unos cuantos topos en la obra, alguien ya los había robado. – Rose calló, esperando algún comentario por mi parte que nunca llegué a pronunciar. Volvió a humedecerse los labios antes de seguir con su parloteo.

- No hemos podido averiguar quien sustrajo los Anillos, pero estamos convencidos de que siguen aquí.

- ¿Cómo lo sabéis?

- Esa información no es relevante para usted, y aunque lo fuera no me está permitido revelársela. – Se acercó peligrosamente a mí, dejándome aspirar la dulce fragancia de su perfume. - ¿Cree que podrá encargarse del trabajo?

¿Cómo se supone que podía negarme? No soy de piedra, y sus carnosos y húmedos labios rozaban mi oreja provocándome un escalofrío demasiado placentero.

Tras ultimar algunos detalles como el precio de mis servicios y algunos datos más sobre la reliquia, precisos para comenzar a investigar, se despidió de mí con un frío apretón de manos. Su imagen en mi retina quedó grabada a fuego mientras se marchaba contoneándose por la misma dirección por la que había aparecido.

Lo primero que hice, después de encenderme otro cigarro, fue comprobar el saldo de mi cuenta con el móvil. Efectivamente, el dinero había sido ingresado. La mitad ahora y el resto cuando les entregara la reliquia. Ese fue nuestro acuerdo.

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7 Abril 2008

EL CUADRO MALDITO

Corre una leyenda urbana por la red sobre este dibujo... dicen que está maldito.

Lo hizo una chica japonesa que lo colgo en Internet minutos antes de suicidarse. Dicen también que nadie puede mirarlo durante más de cinco segundos sin sentir ganas de acabar con su vida. Dicen, comentan, rumorean... pero, aparte de ser un bonito dibujo, no creo yo que sea para tanto.

Lo he estado mirando detenidamente y nada. Quizá a la gente que ya está mal de la cabeza, o que tiene pensamientos constantes sobre la muerte y el suicido no funcione, jeje.

En fin, probadlo, ya contareis... o no.

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7 Abril 2008

MEME "MINOMBRE"

Bueno, mi amiga Esquizo me ha nominado, y no tengo más remedio, pero sí mucho gusto de desvirgarme en el asunto de los memes.

Se trata de definirnos con nuestras iniciales. Hay que marcarlo con el tag "minombre" y se deja libertad para poner el nombre de verdad, el nick o las dos cosas. Lo único que es necesario es describirse con sinceridad, mirando las cosas malas, pero también las buenas:

M de mujer, porque lo soy y me siento orgullosa de ello.

O de oscuridad, que aunque me envuelva y me inavada, sólo en ella soy capaz de ver las luces más brillantes.

N de ninguneada, sobretodo por las personas que más he querido, por más que me pese.

T de tierna como un mazapan.

S de sola, que es como me siento y como me encuentro la mayor parte del tiempo.

E de esperanza, pues sin ella ya no tendría valor para continuar viviendo.

Creo que me ha quedado bastante chulo, pero sobretodo sincero. Aquí van mis nominados... (redoble de tambores):

Javier, espero que me perdone por sacarle de sus poemas macabros.

Paseandoporlaplaya, que con un pseudónimo tan largo puede describirse estupendamente.

Lucía, la princesa de porcelana, mi querida niña que empieza a ver la luz.

Dormilona, a ver si superas este abril gris.

Destino, me gustaría ver tu nombre en forma de poema.

Tags: meme, minombre

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6 Abril 2008

UN CUENTO Y MUCHAS GRACIAS

Para agradeceros vuestro apoyo, vuestras palabras de aliento y en definitiva, la amistad que me ofrecéis en esta tierra virtual, he decidido colgar un cuento que escribí hace poco, pero que inventé hace mucho, mucho tiempo, cuando todavía le relataba historias inventadas a mi hermana pequeña antes de acostarla.

Por supuesto no tenéis porqué leerlo, pues os doy las gracias de todas formas, pero es que es lo único que se me ocurre, pues no tengo demasiado que ofrecer salvo mi imaginación.

Bueno, aquí os dejo esto por si os apetece leer algo (aunque es para críos, os lo advierto ya).

LA VERDADERA BELLEZA

Hace mucho, mucho tiempo, en un reino mágico de oriente…

El gran califa fruncía el ceño de preocupación, mientras paseaba nervioso de arriba abajo por toda la estancia. Sus pobladas cejas negras veteadas de gris, formaban una única línea en su frente, cubriendo de sombras sus oscuros y brillantes ojos.

El califa estaba preocupado sí, porque su única hija se convertía en mujer y él, cegado de amor paterno, no se había percatado hasta entonces.

Tras la muerte de su esposa, algunos años atrás, el califa volcó todo su amor en la preciosa princesita y jamás pensó que llegaría el fatídico día en el que tendría que verla ligada a otro hombre que no fuera él.

Sin embargo, sus consejeros le habían advertido del peligro que correría la princesa si no escogía pronto un marido. Sus enemigos de los territorios circundantes, en cuanto él exhalara su último aliento, reclamarían su reino, incluso por la fuerza si era necesario, si encontraban a una mujer sola en el trono.

Por eso el califa paseaba nervioso sobre sus mullidas alfombras persas, y se restregaba y apretaba sus sudorosas manos tras la espalda. ¿Cómo decirle a su cabezota hija que debía casarse?

La princesa, ajena a los pensamientos turbios de su padre, disfrutaba de un gratificante baño en el lago de los nenúfares. Por supuesto, doce criadas custodiaban en la orilla del lago, mujeres letales, vigilantes. Ningún varón osaría espiar a la princesa en la intimidad de su baño con semejante escolta.

Con un peine de marfil negro desenredaba su largo y lustroso cabello azabache. Su piel, bronceada tras años de exposición al brillante sol de oriente, era enjabonada suavemente por su doncella particular, que con los años, había terminado por convertirse en su mejor amiga, su única amiga.

Su madre había sido una princesa, proveniente de un lejano país del norte. De ella había heredado su belleza, el extraño y fascinante color de sus ojos, tan verdes como las esmeraldas que adornaban sus pendientes, pero también algo más…

Había algo, un pequeño detalle en su hermoso cuerpo que resultaba cuanto menos desconcertante. Algunas gentes osaron exclamar ante el horror que provocaba la visión de aquella imperfección. Estas gentes sucumbieron a la ira irracional del califa, y nunca volvieron a abrir la boca para criticar el aspecto de la princesa, jamás.

Su mano diestra asemejaba a la de una mujer anciana, rugosa y escamada. Las uñas de esta mano siempre crecían negras como la pez. A pesar de que a la princesa no le disgustaba el aspecto de su mano, solía llevarla enguantada, para evitar las miradas indiscretas de la servidumbre y los invitados. Su madre, que también poseía aquel extraño defecto, antes de morir le había explicado que era una bruja, y que sus poderes se habían manifestado en ella, su hija, en aquella espeluznante mano. Ésta le conferiría poderes insospechados incluso para su padre el califa. En su lecho de muerte, su madre le hizo prometer que ningún hombre conocería jamás su secreto, y así lo cumplió ella.

Con los años aprendió a utilizar aquel don que su madre le otorgó mediante su sangre, y nunca volvió a importarle la fealdad de su mano.

Al salir del agua se secó con una toalla perfumada con esencia de vainilla, y se vistió con una túnica azul y sus pantalones bombachos. La ropa que vestía no era especialmente lujosa, pero sí poseía una gran belleza en los intrincados dibujos y brillantes colores que adornaban la túnica. Además, resultaba lo bastante cómoda para pasear por el palacio holgadamente. La princesa adoraba la belleza, la belleza pura que podía emanar de los objetos más simples o de las personas más humildes.

Una criada jovencísima fue corriendo adonde se encontraba la princesa y le comunicó que el califa deseaba verla de inmediato. Ella no estaba acostumbrada a que su padre la tratara de aquel modo, y se preocupó lo suficiente como para obedecer aquella orden apresuradamente y sin queja alguna.

- Hija mía, debes comprender la situación. Yo no viviré eternamente. Además ya he enviado las misivas a tus posibles pretendientes. La boda se celebrará lo antes posible en cuanto hayas escogido al más adecuado.

La princesa corrió hacia sus lujosos aposentos sin despedirse del califa, con lágrimas en sus ojos y con rabia en su corazón.

Largas y angustiosas semanas transcurrieron hasta que los primeros pretendientes comenzaron a llegar al palacio. En todo aquel tiempo la princesa no salió de sus aposentos, y no quiso recibir a nadie salvo a su doncella, que le traía bandejas con comida, leche y agua con las que sobrevivió a su voluntario cautiverio.

Al fin salió, vestida completamente de negro y con un velo opaco cubriendo su rostro y sus cabellos. El califa se alegró de ver por fin a su hija, aunque le extrañó su curioso atuendo. La princesa accedió a conocer a sus pretendientes, pero con sus propias condiciones. El califa no pudo negarse a la petición de su hija, pues lo único que deseaba era verla felizmente casada con un hombre que pudiera protegerla.

El primer príncipe entró en una sala oscura, tan solo iluminada por unas cuantas velas blancas de llama resplandeciente. Intentó hablarle a la princesa, que seguía ataviada con aquellas prendas negras, pero ésta le mandó callar con un simple gesto de su mano derecha, esta vez, sin enguantar. Acto seguido leyó un hermoso poema que ella misma había inventado y escrito. Versaba sobre la belleza, la auténtica belleza y terminaba con una inquietante frase.

- Si no puedo casarme con alguien a quien ame, al menos, el que pretenda desposarme deberá amarme a mí, y no solo mi belleza externa.

Las palabras que surgieron de sus enmascarados labios retumbaron en la cavernosa estancia. Antes de que el eco de su voz dejara de escucharse se quitó el velo y lo dejó caer al suelo, descubriendo su rostro ante el príncipe.

El joven quedó tan impresionado por lo que vio que se tapó la boca con la mano, para que el sonido de asombro que escupió su garganta no saliera al exterior. El rostro de la princesa se había convertido en el de una mujer horriblemente fea, desdentada, verrugosa y velluda. Únicamente sus ojos permanecían impasibles ante el hechizo ilusorio que había provocado en su propio aspecto.

- Si quieres mi reino, primero deberás besarme.

Uno tras otro, los pretendientes fueron despachados por su propia voluntad, espantados ante la fealdad de la princesa. Al caer la tarde, el último príncipe que todavía quedaba en palacio se personó ante la figura imponente de la oscura princesa. Ella volvió a ejecutar impasible su función, convencida de que ningún joven querría besar tan horrendo rostro por muy bellas que hubieran sido sus palabras.

- Si quieres mi reino, primero deberás besarme.

Dijo una vez más. El príncipe, con los ojos vidriosos y el vello erizado se acercó a ella y le regalo un dulce y tierno beso.

- Las palabras que habéis pronunciado han cautivado mi corazón. No deseo vuestro reino, solo permanecer a vuestro lado y seguir maravillándome con vuestros mágicos versos.

La princesa se sintió tan sorprendida que no supo responder. Su hechizo se deshizo como el humo y en su auténtico rostro, las lágrimas brillaban sobre sus suaves y sonrosadas mejillas.

- Nunca imaginé encontrar a alguien que supiera valorar la verdadera belleza.

Ella le besó, esta vez dejando salir toda la pasión que sentía ardiendo en su interior. Al fin, el destino le había traído a su alma afín sin tan siquiera sospecharlo.

La doncella sonrió por la escena que acontecía ante sus maravillados ojos. La dicha embargó su corazón, pues adoraba a la princesa y ella también deseaba su felicidad. Marchó silenciosamente del salón y le comunicó al califa, que esperaba impaciente en la habitación contigua, que la princesa había escogido al fin al que sería su futuro esposo.

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5 Abril 2008

TORMENTA CRUEL, TRISTEZA AMARGA

Sigo con ganas de llorar, pero las lágrimas se pierden en algún recondito y oscuro lugar de mi cabeza, incapaces de encontrar la salida que las libere.

La melancolía vuelve a mí una y otra vez, como las olas a la orilla. Algunas veces viene tranquila, serena y calmada, y simplemente me produce desasosiego o inquietud. Otras en cambio, una tormenta de dolor y tristeza arranca mis escasos pensamientos positivos, que todavía no habían tenido ocasión de arraigarse profundamente a la tierra yerma de mi mente. Mientras dura la tormenta el dolor es intenso, la rabia incontrolable y la conciencia deja de pertenecerme por completo.

Pero lo peor es después. Puedo contemplar un paisaje vacío, desolador. Los escombros tirados se balancean frente a mí, se convierten en polvo cuando intento tocarlos.

Una pena inocua reemplaza a todo lo que antes tenía. Tanto esfuerzo, tanto tiempo empleado... ahora no son más que dibujos en el aire, que se esfuman tan rápido como los pintas.

Ahora toca empezar de nuevo, pero las fuerzas, las ganas, la paciencia, merman con cada tormenta. Me pregunto si pronto acabaran mis reservas de energía para poder soportar un día más, una noche mas.

Me tumbaré de nuevo sobre mi lecho de escombros, escombros de polvo y sal, la sal que mis lágrimas no pueden derramar.

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3 Abril 2008

UNA HISTORIA DE AMOR

Me tumbé sobre la cama, y a los pocos segundos ahí estaba él, cálido y cariñoso. Le acaricié su suave pelo durante largos minutos. Me besó en la mejilla, en la nariz, en los labios, y al poco, los dos nos dormimos abrazados.

Al despertar el seguía ahí, mirándome con infinita ternura. Hay veces en que las palabras son superfluas, innecesarias, y con él siempre es así.

Nos asomamos los dos juntos a la ventana, saludando un nuevo día que comienza, observando como la vida inunda la calle.

Le sirvo el desayuno como todas las mañanas. El se relame, me mira y sus ojos me muestran la gratitud que no sabe explicar con sonidos. Sabe que cuido de él, y que le quiero con toda el alma. Lo sabe, y lo agradece.

Tengo que irme, y él no puede acompañarme. Tiene que quedarse en casa, pese a que me encantaría que pudiera acompañarme siempre, a cualquier lugar. Pero no es así, y aunque no lo entienda, lo asume con tristeza.

Cuando regreso a casa, está tumbado, enfadado conmigo. Lo soluciono con unos cuantos mimos y con alguna chuche que le traigo. En seguida vuelve su alegría innata que inunda mi corazón de felicidad. Me reclama. Quiere que esté con él, despues de tantas horas de ausencia. Aunque esté cansada, no me cuesta complacerle.

Es de noche, y antes de acostarnos de nuevo, volvemos a asomarnos por la ventana. Ahora todo el mundo duerme, el silencio es total en la oscura noche, salvo algún que otro coche rugiendo en la distancia.

Le miró a sus preciosos y enormes ojos. "Te quiero" le digo. Y él me chupa la nariz.

La historia que acabo de relatar la vivo cada día. Si pensábais que hablaba de un ser humano os equivocábais. Mi gato Randal es el protagonista de este bello cuento, el que me despierta cada mañana, el que me ofrece todo su amor, sin condiciones todos los días.

Si todavía hay quien piensa que un animal no siente, no es inteligente o que no es posible que padezca, debería volver a leer este post. Mi gato es mejor persona que muchas de las personas que conozco. Espero que los que tengáis animales os sintáis tan felices y dichosos como yo con mis tres gatos, y que compartáis vuestras experiencias positivas, divertidas, románticas... con todos.

Quizá de esta manera consigamos concienciar a la población de lo maravillosos que son nuestros compañeros animales, y se dejen de cometer tantas barbaridades contra ellos.

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2 Abril 2008

HOY QUIERO DORMIR

Hoy me pesan mucho los párpados, apenas puedo mantenerlos abiertos.

La primavera no me está sentando nada bien este año. Casi no consigo levantarme de la cama esta mañana, mucho más tarde de lo que había planeado.

Espero todos los días a que ocurra algo en mi vida, algo que me despierte, algo que me espabile. Pero la espera es insoportable, y mucho más la incertidumbre de saber si ese algo llegará alguna vez o me dejará de lado.

Salgo a la calle, buscando una señal, un aviso de que todo cambiará. Deseo poder mirar la luz del sol sin que me ciegue. Pero vuelvo a casa, cansada, con las manos vacías y el espíritu hecho trizas.

Quizá no se buscar, o puede que ni siquiera sea capaz de reconocer que es lo que me hace falta. Intuyo que lo que busco y ansio esta en mi interior. Pero cada vez que me asomo al abismo de mi mente, el vértigo y el miedo me tiran hacia atrás.

No dejo de intentarlo, pese a que cada intento me frustra, me desanima, me agota y me asusta. No dejo que esas emociones condicionen mis actos. Pero estoy cansada de esperar. Cansada de buscar, pero sobretodo, cansada de no encontrar, de no despertar, de seguir tumbada cuando quiero volar.

Tags: sobrevivir

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Sobre mí

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